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Música para cuerdas, opus 23 (1957)

Duración: 15 minutos

Orquestación: Como mínimo 8.6.4.4.2
(Contrabajos de 5 cuerdas).

Tipo de Obra: Orquesta Reducida

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- Obra encargada por y dedicada a la Asociación "Amigos de la Música"

de Buenos Aires, Argentina, en marzo del año 1957-

Movimientos:

I - Lento - Allegro molto

II - Evocativo

III - Scherzoso

IV - Meditatitvo

 

Editor original: BARRY EDITORIAL. Representantes exclusivos para todo el mundo.

 

Comentario:

El 11 de junio de 1957 fue estrenada en un concierto de la “Asociación amigos de la Música”, conducido por Jean Martinon, la “Música para cuerdas”, opus 23, de Roberto Caamaño. Esta obra exitosa y de notable vitalidad fue encargada al compositor por esa entidad que atesoró tantos méritos en la vida musical de Buenos Aires. Con posterioridad al estreno, la misma obra emprendió un triunfal camino hacia el extranjero: fue ejecutada en los Estados Unidos y en Holanda; y reiteradamente ofrecida en varios centros musicales de nuestro país. Entre otros directores de orquesta la interpretaron Jean Fournet, Howard Mitchell, Carlos Chávez y Washington Castro.

Como con otras composiciones suyas similares, de índole neoclásica por su estructura claramente ordenada y ubicada en una atmósfera sonora de mesurado modernismo, Caamaño produjo con esta “Música para cuerdas” una obra de perdurables valores. Los elementos que integran su lenguaje son siempre originales, sin caer en excesos ni experimentaciones, dejando entrever su genuina sensibilidad y elevadísimo rango intelectual. Las obras que, como ésta, con el “Concierto para piano y orquesta”, estrenado en 1958 en Washington y las “Cinco piezas breves para cuarteto” (1955), entre otras, pertenecen a la década de 1950, cuando tenía aproximadamente treinta años de edad, son testimonio de una severa orientación creativa, fueron elaboradas con segura autoridad: en ellas fluye un material sonoro cuidadosamente seleccionado, vertido con equilibrados procedimientos formales y conceptuales. Los cuatro movimientos que integran a esta “Música para cuerdas” responden precisamente a ese equilibrio conceptual, en el que ideas concisas, pero consistentes para ser desarrolladas y aplicadas bajo diferentes puntos de vista, dan lugar a sabrosos diálogos y siempre ingeniosas transformaciones. Los cuatro números de esta obra obedecen a un esquema preciso, con elementos temáticos que son protagónicos desde el primer movimiento para todo el devenir de esta especie de “concerto”.

El clima solemne y meditativo de la introducción lenta ya contrasta con la ágil elegancia del “Allegro” que complementa a esta primera sección. Mientras alcanza una singular alcurnia expresiva el segundo trozo (“Evocativo”), vuelve en el “Scherzo” al buen humor, e incluso a la ironía, al presentar con gran brillo aplicaciones de sorpresivos recursos instrumentales, casi virtuosísticos. Con genuina emotividad concluye la obra en un trozo de singular lirismo (“Meditativo”).

Los conceptos formulados alguna vez con sincera admiración hacia esta obra por Jorge Fontenla nada han perdido de su actualidad: “...en ella hay fórmulas felices, reiteradas como ingenua manifestación personal... Caamaño supo extraer de sus obras anteriores la experiencia conducente a la consolidación de un estilo, permitiendo el libre curso de una evolución perfectamente natural”.

No faltan en esta “Música para cuerdas” una serie de referencias al politonalismo y a planteos rítmicos de acendrada vitalidad. Pero a todo recurso que puede significar una manifestación que tiende a determinadas aplicaciones que aparentemente son más brillantes que profundas, se suma en el transcurso de los cuatro movimientos, coherentes aunque tan claramente diferenciados, un clima expresivo de auténtica sinceridad, emotiva, pletórica de sentimientos muy nobles. El lenguaje sonoro de Caamaño mantiene de esta manera su jamás traicionada postura de eficaz humanismo, que se cristaliza en el lenguaje sonoro con medios siempre relevantes y por ende perdurables.