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Madre Tierra, sin opus (2012)
- Díptico sinfónico

Duración: 24 minutos

Orquestación: 2(II=Piccolo).2.2 (en Sib).2 - 2 (en Fa).2.0.0 - Timbal - 2 Percusiones (I = Glockenspiel, Waterphone* -/ *Opcional: 2 Cimbales suspendidos -chico y mediano-, con Cb bow/, 5 Bloques de Madera, Claves, Cimbales suspendidos -chico y mediano-, 5 Tom-toms, Maracas, Grelotts, Vibraslap / II - Crótalos, Wind metal chimes, Tam-tam, Gong de agua, Tambor bajo, Jaw harp (con amplificador), 2 Bongós, Güiro, Wind wood chimes (de bambú), Palo de agua) - Cuerdas.

Tipo de Obra: Orquesta

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Encargo: Radio France.


Dedicada a:
"Mi madre", Esteban Benzecry.

 

Estreno mundial: el 19 de febrero de 2015 en el Festival Presénces en la temporada inaugural del nuevo Auditorium de Radio France bajo la dirección del Maestro Giancarlo Guerrero por la Orchestre National de France.


Estreno argentino:
el 24 de mayo de 2015 en el concierto inaugural del auditorio "Ballena Azul" del Centro Cultural Kirchner como parte del festejo patrio de la Sermana de Mayo bajo la dirección del Maestro Pedro Ignacio Calderón por la Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina.

 

Movimientos:

I - Pachamama (Madre Tierra en lengua quechua y aymara) 13 minutos

II - Ñuke Mapu (Madre Tierra en lengua mapuche) 11 minutos

 

Comentario:

 

Esta obra mezcla dos ritmos similares y diferentes a la vez que tienen el mismo nombre en sus respectivas lenguas.

En la cultura incaica, la Pacha Mama es particularmente fuerte entre los pueblos Aymara y Quechua.  Se trata de una Diosa muy importante de la cultura preincaica Tiwanaku de Bolivia. Ella representa el espacio-tiempo de un presente que puede ser un adelanto del futuro o un atraso del pasado.

En la cultura Mapuche (que habita muy lejos y al Sur de los Incas), Ñuke Mapu (Madre Tierra) no es una Diosa sino la Tierra misma, en su más amplio sentido, que da y quita todo lo que está en ella.

 

Pachamama

Actualmente la tradición de la ofrenda se mantiene y se practica siempre, principalmente en las comunidades quechuas y aymaras, a través de una ofrenda llamada Challa o Pago. La Madre Tierra es considerada un ser vivo, ella está en la base de todo: seres, vegetales, minerales, textiles, tecnología, etcétera. Conviene entonces hacerle regalos para atraer sus gracias. Así, se cava un pozo al que se arroja comida, cerveza y hojas de coca como atención para la Pachamama o la Virgen María, según sus creencias.

Al noroeste de la Argentina, cerca de la frontera con Bolivia, en la provincia de Jujuy (especialmente en Humahuaca), el ritual de la Pachamama se lleva a cabo durante el mes de agosto. Este ritual se organiza entre todos los miembros de la comunidad con el fin de agradecer a la Tierra por las ofrendas que ella les ha dado en el año anterior y para pedirle que año siguiente sea fructífero.

El primer movimiento, Pachamama, abre con un ostinato minimalista en el glockenspiel sobre las cuerdas en glissando y el resto de la orquesta ensayando crescendos y diminuendos en una suerte de representación de la mutabilidad inmutable del espacio-tiempo. Poco a poco comienzan a aparecer los motivos de gamas armónicas sobre el espectro del a nota Re y los ritmos ancestrales en pizzicato, luego en los cornos, todo mezclándose en un prolongado pédale, que se va desarrollando poco a poco hasta convertirse en una danza ritual orgiástica con alternancias de insinuaciones rítmicas y melódicas de la Vidala (canto gaucho), Carnavalito (danza alegre) y Baguala (canto triste), hasta disolverse poco a poco en los motivos armónicos, volver al motivo minimalista del comienzo y finalmente desaparecer en el vacío, en una forma especular.

El compositor recrea en este movimiento la atmósfera de un mundo amerindio de música ritual desconocida, en el que los aerófonos, utilizando procedimientos multifónicos, armónicos y de cuartos de tono, imitan las sonoridades de quenas, zampollas y todo tipo de flautas indígenas con melodías pentatónicas y de cantos tritónicos típicos del folclore aymara. Todo ello ocurre dentro de una atmósfera misteriosa, sumergido en los sonidos de la naturaleza, ricos en minerales, maderas y pájaros imaginarios que cantan, integrados en un esquema multi sistémico y poli estilístico.

 

Ñuke Mapu

Comienza con una invocación a la Madre Tierra que arranca en el sector de las cuerdas como una especie de murmullo muy calmo, hierático. Poco a poco la Tierra comienza su viaje y los pájaros que no existen la saludan, la sonoridad de la orquesta comienza a incrementarse hasta devenir en pasajes de un gran virtuosismo. La Tierra florece y alimenta a sus habitantes, la música es definida por los tritonos típicos de las músicas mapuches. También el viento se hace presente, recorre la región y sobre el fin de la obra, un tema coral ya presente en el primer movimiento, nos lleva al fin del día de la Ñuke Mapu, la Madre Tierra.

En este movimiento aparecen giros melódicos basados en las canciones tritono de la música mapuche, desarrollados utilizando una orquestación en la que se intenta imitar los sonidos y los ecos de las trutruka o trompetas mapuches, pero a través de instrumentos de orquesta tradicionales.

Los mapuches (en su lengua, el nombre Mapuche, elegido para denominarse a ellos mismos, es un concepto compuesto por los términos “Mapu” -Tierra- y “Che” -Pueblo”, a saber “el pueblo o la gente de la tierra”, “indígenas”), igualmente llamados Araucanos por los españoles en la época de la llegada de los europeos a Chile, son un pueblo originario de América del Sur que habita en el sur de Chile y en el sudoeste de Argentina. Su música tradicional es principalmente religiosa y existen asimismo numerosas composiciones en honor a la Madre Tierra (Ñuke Mapu). Ellos utilizan diferentes instrumentos como el cultrún (tambor), para rituales exclusivamente, las cascahuillas (campanas), la pifilca (un silbato de madera), la trutruca, una varilla hueca de coligüe (suerte de Bambú) que termina en un corno, o incluso la torompe (suerte de arpa bucal).

 

El compositor no busca realizar un trabajo de etnomusicología, sino, tomar algunas raíces, ritmos, melodías y mitos de los pueblos originarios como fuente de inspiración para desarrollar su propio lenguaje, una especie de folclore imaginario.

Esteban Benzecry